A todos nos cuesta despegar de la cama, pero después de postergar como tres veces el despertador del celular, nos ponemos en pie y nos dirigimos al baño, haciéndole una batalla a los ojos, que parecen que aún quieren seguir cerrados. Nos cepillamos los dientes, y notamos el parecido a un león con rabia: los pelos que te hacen creer que acabas de pasar por una corriente eléctrica de algo grado y la pasta dental cubriendo por completo tu pera, parecemos tener anestesia en la boca. Después llega el gran cuestiónamiento cuando abrimos la puerta del placard '¿Que me pongo?' Y ahí es cuando hacemos un obelisco de ropa, hasta encontrar por fin lo que podría gustarnos. Salimos de casa, y pareciera que los rayos de sol, quisieran destruir nuestra vista, y lo único que logra es que nuestros ojos se sigan cerrando. Cuando por fin nuestros ojos deciden abrirse, nos damos cuanta que despertar temprano, nos hace aprovechar más nuestro día, y así sin darnos cuenta, aprovechamos también nuestra vida. Cuando el día esta terminando y llega la hora de acostarse en esa cama que pareciera tener un pegamento tipo 'gotita', volvemos a pasar por el mismo campo de batalla, donde se declara la guerra ya pronosticada. Sabemos que otra vez, vamos a postergar la alarma, otra vez nuestros ojos no van a querer abrirse, y otra vez vamos a estar frente a la pila de ropa. Y más de una vez, seguramente, vamos a hacer de cuenta que no existe la mañana.
Gabi Buffarini.
